viernes, 2 de septiembre de 2016

Sobre la fama


La palabra fama está etimológicamente vinculada con los términos rumor, voz pública, opinión pública y en el diccionario de la real academia española se define como la opinión que la gente tiene de alguien o de algo, o Noticia extendida acerca de algo.  

En primer lugar, debemos considerar que fama no es sinónimo de bueno, ni siquiera de extraordinario, y de  volverse  famoso  algo o alguien  extraordinario y bueno, es más por casualidad que por tratarse de un juicio sensato de la opinión pública; de quien sabemos que no goza de mayores sensateces, ya sea por su desatino habitual, ya sea porque el malo corriente no puede reconocer al bueno extraordinario, a menos que esta última razón sea también razón de la anterior.

Sin embargo hubo un tiempo en el que se consideraba a la fama como la consecuencia justa, obvia y esperable de las más dignas proezas. Tetis le anuncia a su hijo Aquiles que si se suma a la expedición troyana su vida será corta pero su fama perdurará, mientras que, si decide quedarse, vivirá largos años, pero sin fama ni honores. Entonces Aquiles marcha a concretar destino de héroe. Así también Antonio Bravo García y Pedro Gonzalo Abascal en su libro Héroes y santos en la literatura anglosajona, nos recuerdan:

El deseo de fama o gloria terrena es parte esencial de la caracterización de los protagonistas de la épica anglosajona.

Y si bien lo que mueve al héroe a realizar sus proezas es su profundo sentido de la justicia; la fama y el reconocimiento son bienvenidos. En tal caso el lector decidirá si esa fama es bienvenida por el héroe por simple vanidad o con la intención de que sus hazañas se conozcan por todos los hombres para inspirar a muchos y que sus gestas logren insuflar a otras venideras.

Si bien fama, virtud y éxito nunca fueron sinónimos, parece ser, que en nuestro tiempo están más enemistadas que nunca. Las leyes de mercadotecnia y las morbosas manipulaciones de la información han atentado contra el prototipo clásico de héroe, que para alcanzar tal rango sacrifica su propio bienestar. El héroe contemporáneo no sufre, no se cansa, no se sacrifica, de hecho no es casual que en estos tiempos nazca el antihéroe, que es un héroe devenido en persona corriente, o peor aún, una persona corriente a la que se la toma por héroe. Esta degradación de las más altas virtudes en los más bajos y corrientes vicios pretende dignificar al hombre vulgar y nos quiere convencer de que el señor que maneja el autobús es un héroe porque lleva y trae con vida a todos sus pasajeros y les permite ir a trabajar; y si bien es noble que un hombre trabaje y además que su trabajo favorezca a otros, es importante saber que esto no lo convierte en héroe. Para comenzar los héroes no cobran por sus trabajos y por supuesto sus hazañas son tal cosa; se someten a empresas peligrosas y de grandes magnitudes. Sin embargo tal como se denuncia en este párrafo, las leyes de mercado, la manipulación de información, y otros comportamientos deleznables análogos han permitido que desde la comodidad de sus hogares algunos ganen fama por “ser” algo que no son. (en este punto resistiré a la tentación de citar a "músicos", "pintores", "actores", "pacifistas", "atletas", científicos",  "santos" y otros, que como las comillas sugieren no son aquello por lo que se los conoce) 

Si el rapto de Helena se hubiese producido en el siglo XXI Tetis le recomendaría a su hijo Aquiles que no vaya a Troya a pelear hasta morir, que se quede en casa y que con una buena campaña publicitaria alcanzaría igualmente fama de héroe.