viernes, 18 de diciembre de 2015

Sobre los contratos


Todo contrato es ante todo la evidencia de un desencuentro.

Los contratos no son cosa nueva, en el derecho romano ya se los nombra, inclusive los había de diferentes categorías y referían a un acuerdo de voluntades que pretendían brindar protección a los contrayentes ante posibles irregularidades. Estos contratos estaban abalados por la justicia romana y contribuyeron al orden civil y a la multiplicación de relaciones forzosas. A ver:

Las relaciones más genuinas no necesitan pactos, contratos ni acuerdos pre establecidos, simplemente porque la amistad, por ejemplo, es el resultado de un encuentro entre personas que desarrollan un vínculo afectivo que no permitiría abusos ni daños, por la simpatía que los mancomuna. Usted podría preguntarse entonces que pasaría entre personas corrompidas y protervas. En este punto podemos recordar a Cicerón que consideraba que la amistad se da entre quienes poseen el sumo bien en la virtud, en pocas palabras los maliciosos no conocen la amistad y tal vez si necesitarían de un contrato para establecer una.     

Casi nadie se aventura a establecer contratos de más de tres años de duración en ningún ámbito, sin embargo algunos se arrojan al matrimonio con la esperanza de sostener un contrato vitalicio y si bien esto parece ser una locura, un salto de fe, quienes juzguen irracional esta clase de decisión, podrían festejar el romanticismo que se da solamente en este tipo de contrato o al menos que se daba antes de que la especulación financiera se abriera camino en el único contrato que parecía gozar de cierta nobleza. El contrato prenupcial es otro intento más de restar pasión sin sumar razón y ante tal situación solo nos queda saborear el sinsabor.

Todos los días, la mayoría de los seres humanos establecemos relaciones contractuales, escritas u orales. Al comprar pan o cualquier otra cosa, estamos estableciendo un contrato, y teniendo en cuenta que los contratos tienen diferentes componentes, la que más suele tenerse en cuenta por las diferentes partes, es la obligacional. Por esta razón estoy seguro de que un encuentro amoroso no necesita contratos de ningún tipo. El amor no sabe nada de obligaciones, no las necesita, al menos cuando es compartido, por supuesto como los encuentros amorosos suceden con poca frecuencia, el contrato aflora como una herramienta que permite a aquellos desafortunados que no les tocó enamorarse de alguien que los ame, poder vivir una relación, que los observadores menos  perspicaces confunden con un encuentro amoroso. Claro que el castigo es tremendo para quienes quieren hacer de un desencuentro una familia y vale aclarar que en estos casos ni el mejor de los contratos los libra de pesares.

Durante cuatro años alquilé la casa de un locatario que solía decir: “conmigo despreocúpate por que yo soy confiado y creo en la palabra; a esta declaración yo solía responder: Que bien, porque yo jamás lo estafaría. Como indicio de que su declaración era falaz aun conservo los dos contratos de alquiler que el mismo redactaba. Las dos veces que firmamos los contratos se comportó de manera inquietante, se comía las uñas y miraba con pánico a la escribana mientras golpeaba los dos talones contra el piso con la destreza de un baterista de heavy metal. Antes de mudarme a otra ciudad, al finalizar el último contrato le dije: tal como le prometí siempre pagué al día y él me respondió: Si, fue muy buen inquilino y siempre confié en usted. Esa fue la última vez que lo vi y podría asegurar que ambos sentimos casi el mismo vacío: Él por perder una oportunidad de confiar en quien lo merecía, y yo por perder una oportunidad de demostrar que soy confiable, porque en definitiva jamás sabremos como hubiese sido nuestro vínculo sin contratos de por medio.



sábado, 12 de diciembre de 2015

Sobre los bienhumorados y los malhumorados


Parece ser que la población mundial está dividida en dos: bien humorados y malhumorados, y con esto no nos referiremos a quienes saben contar chistes o no, sino a quienes son capaces de sonreír, inclusive, ante la peor de las tempestades y a quienes están a disgusto hasta en el mejor de los días.

Comenzaremos hablando de los que poseen buen humor, aclarando antes, que dentro de este grupo existen categorías: Por un lado encontraremos a aquellos que gozan de buen ánimo y se sienten dichosos y por otro lado, aquellos que quieren irrumpir en el grupo de los bien humorados simulando ser poseedores de infinitas alegrías, a estos últimos bien podríamos llamarles infelices desesperados (le recomendé este denominativo a mi terapeuta para que lo use con sus pacientes, así que si usted es un infeliz desesperado y por casualidad comienza a tratarse con mi psicólogo y le dice que es un infeliz desesperado hágamelo saber. Gracias) en definitiva, este apelativo me resulta preciso por que alguna vez me he encontrado con gente a la que le preguntas como se siente y no titubea en decir: Mal, estos parecen ser infelices equilibrados que no tienen necesidad de simular dicha, sin embargo, nada resulta más evidente que una carcajada fingida, y pocas situaciones resultan más incómodas que las que atravesamos al oír discursos del que sabemos que padece y acusa bienestar. En definitiva son preferibles los infelices sinceros que los falsos dichosos, ya que estos últimos, evidencian su pesar intentando ocultar su mal humor con malos chistes creyendo que mostrar los dientes y sonreír es lo mismo.

Dentro del grupo de los mal humorados también hay unos que simulan ser portadores de insoportables pesares porque, como sabemos, muchos genios fueron infelices, (Dante padeció por Beatriz, Beethoven por su sordera, Borges acusó en su poema "El remordimiento" no haber sido feliz y así podríamos sumar muchísimos genios a esta lista) de manera tal que hay un gran grupo de falsos infelices que consideran que la infelicidad, el mal genio y el mal humor son el punto de partida de la genialidad y por este error, con la ilusión de adquirir el genio de Borges, en vez de ponerse a leer, se disponen a sufrir, que es mucho más fácil.   Es necesario aclarar en este punto que se puede ser infeliz y estúpido.

Sigmund Freud, tratando a Anna O y luego a otras pacientes, llegó a suponer que la histeria se remontaba a experiencias traumáticas de la infancia referentes al sexo. Una vulgar interpretación de este estudio freudiano hizo suponer a algún sector de las clases populares que la histeria era simplemente mal humor y que la cura se alcanzaba cuando la paciente conseguía un amante activo y viril que generosamente le convidase de sus virtudes en el campo de las artes amatorias. En todo momento hablamos de pacientes femeninas porque en primera instancia se supuso que la histeria solo podía darse en mujeres, sin embargo hoy sabemos que aunque es menos frecuente en ellos, la histeria es un trastorno psicológico unisex. 

Entre aquellos que consideran que el mal humor es producto de algún trastorno psicológico o biológico se suele generar una molesta expectativa cuando un mal humorado sonríe. Esta clase de actitudes por parte del hosco suele generar esperanzas en vecinos y amigos que no demoran en desilusionarse tras la casi inmediata fruncida de ceño de aquel que vuelve al estado que le es más propio.

En definitiva podríamos decir que, tanto el bienhumorado como el malhumorado, tienen la facultad de hacernos sentir incómodos por su capacidad de mantenerse ajenos a la situación, siempre fieles a su sentimiento; quiero decir: un malhumorado expresando su fastidio en una fiesta, es tan exasperante como un bienhumorado contando chistes en una situación luto. Aun así este blog se sigue declarando a favor de quienes demuestran sus más sinceros estados de ánimo.



lunes, 7 de diciembre de 2015

Sobre las decisiones


Hoy, cómo en otras ocasiones, el loro se dispone a exponer elucubraciones ajenas, con sus insuficientes, e innecesarios análisis respecto de las decisiones e indecisiones y sus consecuencias.

En principio podríamos decir que la indecisión, es la duda o falta de determinación, mientras que la decisión es la resolución. También resulta útil pensar en el destino, el libre albedrío y la casualidad para llegar a un resultado medianamente razonable. A ver:

El destino según su etimología está vinculado con la puntería, con el blanco, y según los antiguos se trata de un recorrido sobre el que no tenemos potestad alguna, por supuesto con excepciones: Platón, considera que los espíritus vulgares no tienen destino. Se consideraba que el hado era un poder sobrenatural que comandaba los sucesos de la vida de manera ineludible, inclusive por encima de los dioses, y esto resulta razonable y más en la cosmogonía griega en la que los dioses del Olimpo no son los primeros, de hecho son la octava generación si consideramos al Caos como entidad primera, o sea que vinieron a parar a un universo que ya estaba en marcha y por ende, sobre el que no tienen poder absoluto, de hecho se hizo una división de parcelas en las que Zeus se quedó con las mejores instalaciones, compuestas por  amplias y luminosas habitaciones celestes decoradas con pomposas nubes y con vista al planeta, mientras que Hades se tuvo que conformar con el helado, gris, poco ventilado y contaminado inframundo y todo esto por estar destinados. Imagino que ante esta situación Hades debe pronunciar groserías de todo tipo y supongo que también alguna vez se habrá preguntado cuál es el destino del destino. 
  
Por otro lado el libre albedrío en el cristianismo suele aparecer como un punto de inflexión entre el perfecto e inamovible plan divino y la decisión personal. Sin embargo, a la cotorra parlanchina que escribe estas líneas le cuesta la concepción de tal idea y a la hora de considerarla tiene una postura relativamente calvinista, considerando que el perfecto y todo poderoso ya sabía desde antes de la creación quien sería salvado y quién no, de manera tal que conoce el principio, nudo y desenlace de la historia que él diseñó en su perfecto y divino plan. 

Para quienes no se sienten demasiado a gusto con estos planteos y se sienten más abrigados por la ciencia, la idea de libre albedrío podría ser considerada desde la psicología, que supone que el individuo puede forjar su propio destino al menos parcialmente. Para esclarecer esta postura de la psicología citaremos una frase de nuestro amigo Arthur Schopenhauer, que no era psicólogo. Él decía más o menos: 

EL DESTINO MEZCLA LAS CARTAS, Y NOSOTROS LAS JUGAMOS. 

A partir de estudios realizados en diversos campos científicos podemos considerar el destino casi como lo razonaban los antiguos, aunque desprovisto de toda magia o pensamiento religioso, reflexionando que según nuestra constitución biológica, y más puntualmente según particularidades de nuestro cerebro, generaremos determinadas ideas, en pocas palabras: la mente es resultado del cerebro y si pudiésemos determinar con precisión todas las cualidades de nuestro cerebro, tal vez podríamos enumerar todas las producciones mentales y considerar un número de posibilidades y por ende especular, al menos a grandes rasgos, nuestro destino. Por supuesto esto no es tan sencillo y podríamos sumarle variables culturales, sociales, económicas y muchas otras, aun así vale la pena pensar que no podemos dejar de ser nosotros mismos y que más allá de las decisiones que tomemos, estas siempre son resultados de nuestra mente y a la vez, estas producto de nuestro cuerpo o puntualmente de nuestro cerebro.

En definitiva, si usted no sabe cuál es el mejor destino para vacacionar y eso lo está torturando tiene varias opciones:

1) El destino ya está escrito, deje de torturarse creyendo que toma decisiones que en realidad ya fueron tomadas por el propio destino.

2) El universo es un desorden gobernado por la casualidad, así que vaya a cualquier lugar por que en cualquier lugar pueden suceder cosas horribles y/o maravillosas y estas no son previsibles.

3) No haga caso a este insignificante y confuso análisis y siga torturándose sobre el lugar de sus vacaciones.


En definitiva, si consideramos nuestra esencia y su cualidad de invariable quitaremos responsabilidad a las decisiones por comprender que nuestra esencia es inalterable, vacacionemos donde vacacionemos.    Ahora bien, si la decisión que debe tomar es realmente importante y se trata de un asunto realmente significativo, la mejor recomendación que le puede brindar este blog es que deje de leerlo porque este es un espacio carente de todo acierto  y vaya a pedir consejos al pastor de su iglesia, o al científico de su universidad, o a su agente de viajes, pero siempre considerando que este último no es el único que dice tener las mejores opciones y que solo quedan los dos últimos asientos hacia el mejor destino.  


sábado, 28 de noviembre de 2015

Sobre la cortesía


La cortesía ayuda a sostener el noviazgo con la persona que amamos a pesar de que a veces nos pida opinión sobre una horrible remera que lleva puesta. Este es uno de los escasos beneficios de la cortesía que se nos presenta bajo la forma de mentira piadosa o estafa menor con intenciones, sino buenas, al menos poco incisivas. Por supuesto siempre debemos tener presente que no somos los primeros en hacer uso de la cortesía y es válido considerar que nuestra pareja nos pregunta qué opinamos de su remera por cortesía, porque en realidad poco le importa nuestra opinión al respecto. Esta situación, en la que dos personas se vinculan solo por cortesía es mucho más frecuente de lo que creemos y, si más a menudo nos animásemos a considerarla, créanme que podríamos librarnos de aburridísimas reuniones con compañeros del trabajo y otras situaciones análogas en las que somos invitados por cortesía y nosotros asistimos por la misma razón. De hecho muy a menudo suelo imaginar cómo podría resolverse la misma situación haciendo uso de la cortesía y luego sin ella:

Situación haciendo uso de la cortesía: 

 -Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y por supuesto estás invitado.
-Sí, lo recuerdo, voy a ir, aunque solo un rato, porque el Domingo corro en el maratón.

RESULTADO: Encuentro poco deseado por ambos individuos, incómodo saludo, te debo el regalo para la próxima, risas falsas, falsas aprobaciones, fin.

Situación  sin uso de la cortesía: 

-Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y preferiría que no vengas porque no te odio, pero siquiera me pareces una persona alegre.
-Qué bueno que lo planteas así, porque no me caes mal, pero tampoco iría al cumpleaños del novio de mi prima con quien no tengo un solo tema de conversación, es más, te estaba por mentir diciendo que correría un maratón al día siguiente para irme temprano.  
-Nadie creería lo del maratón evaluando tu figura.
-Lo sé, pero es lo primero que se me ocurrió. 

RESULTADO: Desinteresado saludo, sensación de alivio compartida, fin.
     

Se suele considerar que la cortesía es el fertilizante más apropiado para hacer germinar una relación, sin embargo, resulta sumamente enojoso escuchar a alguien que aprueba todas nuestras lucubraciones inclusive cuando estas se contradicen. En este sentido alguna vez escuché que los enemigos son más sinceros que los amigos, esto es un error inmenso, porque aun si decidimos llamar amigos a los lisonjeros que nos rodean; debemos admitir que los enemigos también mienten y exageran odio en sus declaraciones, principalmente por que el odio no admitiría enojos ordinarios y resulta inaceptable un enemigo mesurado que declara cierta disidencia respecto de alguna de nuestras ideas. Un enemigo se vuelve efectivo cuando declara odio absoluto hacia todo nuestro ser y esto es muy difícil de concebir. 


En lo que respecta a los regalos parece haber categorías, y entre los peores existe uno al que suelen llamar presente de cortesía, comúnmente se trata de una baratija insignificante, que lejos de generar alegría, es capaz de producir doble malestar: desilusión en quien lo recibe e incomodidad en quien lo da. En este caso aconsejo a la humanidad que se olvide de los regalos de cortesía por que como ya acabo de demostrar son particularmente molestos. Ni hablar de los aperitivos de cortesía que sirven en algunos restaurantes: Todos sabemos que esas copas se completan con el champagne de las botellas más baratas del local o con los restos de comensales de la semana pasada.


Usted ya podría estar preguntándose quien le cederá el asiento en el colectivo si nos deshacemos de la cortesía, sin embargo este blog es amigo de quienes ceden el asiento por que están convencidos de que están haciendo un bien y no por la cortesía misma y los reconocimientos que esta conlleva.  





viernes, 20 de noviembre de 2015

Sobre la asistencia de las musas


El monólogo del día se propone dilucidar sobre la inspiración.

A veces creo que estoy inspirado y que estoy componiendo algo asombroso y al otro día cuando reviso lo hecho, me doy cuenta de que es una porquería y de que no fui asistido por ninguna musa o simplemente la musa me engañó. Así fue como deduje que, las musas pueden mentir, o no existen o simplemente jamás me visitaron, todas me resultan probables dada mi incapacidad para crear. Sin embargo, a pesar de ésta, mi desdicha, y siguiendo las enseñanzas de nuestro amigo René Descartes, voy a pensar y luego existir, de manera tal que no voy a convertir esta tragedia personal en una regla general y voy a intentar posicionarme por encima de mi propia experiencia para analizar la mecánica de la inspiración y la visita de musas.   

Desde los Veinte años escribo con cierta regularidad, y casi no me privé de ningún género literario: cuentos y relatos breves, poemas y letras de canciones, ensayos y frases. Atendiendo a lo épico, lo lírico y  lo dramático me pasee por todas las formas literarias conocidas y fracasé con rigurosa efectividad en todos mis intentos. Fue entonces cuando me percaté de que en mi casa estaba el timbre roto desde hacía por lo menos diez años y muy probablemente las musas tocarían dos o tres veces y al ver que nadie atendía se irían a la casa de Borges en la que siempre anduvo muy bien el timbre. Además es muy incómodo estar escribiendo y que llegue visita, yo particularmente opto por no atender, el problema es que podrían haber sido las musas quienes venían y yo para simular que no estaba en casa ni me moví de la silla, para colmo de males, Esas llegan cuando uno está trabajando en la obra de arte, casi nunca aparecen en el bar mientras uno está tomando una bebida espirituosa. Lo que si suele suceder es que cuando uno se tomó una bebida espirituosa puede creer que está siendo asistido por la musa y si comete el error de pedir lápiz y papel al barman y escribe lo que la musa le dicta notará al otro día que quien dictaba no era la musa, sino el Whiskey, que siempre dicta porquerías incomprensibles y carentes de todo valor artístico. En este sentido supe de algunos escritores, relativamente buenos, que decían tomarse unos tragos antes de escribir. No son pocos los críticos que defienden la idea de que por tomar eran buenos, yo niego rotundamente esto, no me quiero imaginar lo incómodo que debe ser para la musa dictarle cosas a un señor que está beodo, diciendo una y otra vez la misma frase mientras el escritor en vez de escribir la invita a salir y le promete vida prospera patrocinada con regalías jamás cobradas.  Tampoco quisiera estar en los zapatos de una musa que dictó versos propios de su divina esencia a un  borrachín que terminó presentando un libro con lo poco que pudo percibir del mensaje divino que le fue transmitido. En este caso bien podría la musa demandar por difamación, a quien publica libros horribles en su nombre.

Ya en el siglo XIX los psicólogos depositaron la inspiración en la psiquis y dejaron desempleadas a las musas, de hecho, algunas corrientes casi no le dieron cabida a nada ajeno a la psiquis, el mundo exterior perdió poder en el terreno de la inspiración, estaba madurando un hombre que hacía ya varios siglos iba en busca de la autosuficiencia, con la intención de erradicar toda metafísica. Luego la metafísica se convirtió en una casa abandonada que fue usurpada por ruines y oportunistas. Poco a poco la inspiración fue mutando y las musas fueron sustituidas por seres mortales al punto que muchos artistas dicen encontrar “su musa inspiradora” en sus desvencijadas mujeres.  
   
En términos generales la mayoría de los seres humanos suelen tener ocurrencias que les parecen dignas de ser escritas, luego en su pusilánime cotidianidad, dejan sus ideas en manos del olvido. En este sentido todos creemos que más de una vez estuvimos inspirados, y si consideramos a la inspiración como ese estado de locura en la que el poeta alcanzaba un frenesí divino en el que se conectaba directamente con los dioses, usted querido lector probablemente se planteará: ¡Qué lástima que se pierdan tantas ideas y que tantas inspiraciones hayan ido a parar al olvido por no ser escritas! Sin embargo yo le voy a ahorrar lamentos y le puedo asegurar que el problema más grande es el contrario: El mundo está repleto de textos producto de falsas inspiraciones y de supuestos encuentros con las hijas de Zeus, créame, el mundo está propasado de textos que no merecían ser escritos y bien les hubiese venido el olvido, sin embargo algunos charlatanes insisten en hacer creer a sus lectores que algunos dioses les dictan sublimes versos sin darse cuenta de que quien les dicta es en realidad el viejo de la esquina y que ellos no son más que loros parafraseando monólogos ajenos.  


viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre el dinero


El monólogo del día se propone analizar un tema que fue tratado incontables veces  y este blog que es especialista en decir cosas ya dichas y que tiene menos novedades que las matemáticas, no se podía privar de ahondar allí donde no hay profundidad alguna. El tema del día es el dinero.

A lo largo de mi vida he escuchado opiniones diversas, ocasionalmente, opuestas, que van desde: el dinero es una porquería y solo trae problemas, hasta: el dinero es la única buena noticia de este mundo. Yo, con la escasa capacidad intelectual que me caracteriza voy a intentar, con la ineficacia que me define, posicionar al dinero en el pedestal que le corresponda.

En primer lugar es necesario que acordemos que la felicidad es el objeto primero, y evaluaremos el dinero en función de la felicidad o no que proporcione. 

Cuando yo era niño, solíamos preguntarnos con mis amigos qué haríamos si encontrásemos la lámpara del genio al modo de Las mil y una noches y nos concediesen tres deseos. La mayoría pedía posesiones muebles e inmuebles de gran valor, otros, más espirituales, pedían paz, otros con intereses económicos, pero más astutos que los primeros, pedían infinita cantidad de dinero y los que yo considero los mejores solían pedir felicidad, porque en última instancia, los objetos de gran valor, la paz, el dinero infinito, los pedían para otorgarse bien estar, que en su estado máximo de desarrollo es lo que conocemos como felicidad. Todos los que encontraban la lámpara pedían cosas para su propia satisfacción, salvo los más generosos que pedían en el segundo o tercer deseo algún bien para otro, por supuesto no debemos olvidar a quienes con una actitud poco romántica y especuladora pedían en el primer deseo que les concedan infinitos deseos y a partir de este pedido el segundo y el tercero tienen la misma importancia que el setecientos veintitrés o el mil cuarenta. En definitiva, parece que en la categoría “Encuentro de lámparas mágicas” la mayoría de los deseos son de carácter económico. 

 El término dinero, viene del latín denarius que era la moneda utilizada en la antigua Roma y equivalía a diez asas, sin embargo, el dinero (con otro nombre) ya existía antes de la fundación de roma, de hecho se lo nombra en el Código de Hammurabi.  

Desde tiempos remotos muchos fueron los que se preguntaron acerca del dinero, de hecho, Aristóteles, en su Ética nicomaquea dividió la vida humana en tres clases a saber:

-LO QUE UNO ES.
-LO QUE UNO TIENE.
-LO QUE UNO REPRESENTA.

Dejando en el segundo aspecto a todas las posesiones materiales; en el primero la personalidad, comprendiendo a esta como: salud, fuerza, belleza, temperamento, carácter moral la inteligencia y su desarrollo, y por último la opinión que tengan de nosotros dividida en honor, categoría y gloria. Comprendiendo que generan más dicha las cosas que provienen del interior (Lo que uno es) que aquellas que tenemos o representamos, que además se pierden con mayor facilidad, precisamente por no sernos del todo propias.

También Epicuro dividió en tres partes, pero a las necesidades humanas a saber:

-NATURALES Y NECESARIAS.
-NATURALES, NO NECESARIAS.
-NI NATURALES, NI NECESARIAS.

Entendiendo que el primer ítem es para las necesidades alimenticias y de vestimentas básicas, el segundo para la satisfacción sexual y el tercero y último para el lujo y la abundancia.
   
Como ante última cita voy a referirme a Schopenhauer, que de hecho es quien citó a los autores anteriores en el Arte del buen vivir, y decía al respecto del dinero más o menos lo siguiente:

SE ACUSA CON FRECUENCIA A LOS HOMBRES DE FIJARSE MÁS QUE NADA EN EL DINERO Y DE AMARLO MÁS QUE A TODO EL MUNDO. SIN EMBARGO ES MUY NATURAL, CASI INEVITABLE, AMAR LO QUE, SEMEJANTE A UN PROTEO INFATIGABLE, ESTÁ DISPUESTO EN SOLO UN INSTANTE A TOMAR LA FORMA DEL OBJETO ACTUAL DE NUESTROS DESEOS TAN MÓVILES O DE NUESTRAS NECESIDADES TAN DIVERSAS.

Por supuesto, esto no es todo y esta sentencia no es definitiva. Schopenhauer se percató también de que lo ya obtenido deja de interesarnos y el deseo se aloja en lo que no tenemos, de manera tal que el dinero es útil como herramienta para obtener lo deseado y deja de serlo cuando se convierte en el deseo mismo. Cuando dejamos de usar el dinero como herramienta, para posicionar a este entre nuestros deseos, no existirá nunca una suma que nos deje absolutamente satisfechos. En pocas palabras, desear el dinero es la mejor manera de arruinar lo único que tiene de positivo el dinero.   

En la última cita de este post voy a referirme a mi tío gordo, Osvaldo Parizia, que solía contar un chiste que funcionaba a partir de invertir las palabras de la famosa frase:

Prefiero ser pobre y sano, que rico y enfermo, 

presentándola del siguiente modo: 

PREFIERO SER RICO Y SANO, QUE POBRE Y ENFERMO. 

El punto a analizar es que ciertamente es preferible ser sano y pobre, porque la pobreza, permite ciertos disfrutes, mientras se hayan alcanzado las premisas mínimas que plantea Epicuro (naturales y necesarias), se puede disfrutar del amor, de la amistad, del pensamiento, de la conversación, de la familia y de muchas otras análogas, por el contrario se hace muy difícil el goce de cualquier actividad, por más ostentosa, lujosa, pomposa y deseada que sea, si nos entra un bichito en el ojo, y fíjese, querido lector, que estoy poniendo como ejemplo una pérdida de salud insignificante y pasajera, ni hablar de la imposibilidad de goce que supone la pérdida de salud que es significativa e irreversible. Aun así es necesario recordar que no todo rico tiene un bicho en el ojo, y por esta razón deja de ser un chiste esto de RICO Y SANO, porque una cosa no quita necesariamente a la otra, del mismo modo que debemos admitir que la riqueza monetaria no es sinónimo de felicidad, tampoco podemos admitir lo contrario y si, debemos reconocer la potencia del dinero. 

Quisiera ahora, más o menos con los mismos fundamentos, desmentir aquella frase que dice: 

EL DINERO NO COMPRA LA FELICIDAD, PERO PREFIERO LLORAR EN UN FERRARI.

A diferencia del chiste primero, éste es menos veraz, porque el Ferrari supone algo ostentoso deseado, y a la vez la promesa de una gran dicha por haber alcanzado tal deseo, entonces, también representa la pérdida de una causa más de placer, quiero decir, si se es infeliz sin ser poseedor de un Ferrari, al menos tenemos la esperanza de que poseyendo uno podríamos alcanzar la felicidad, por el contrario llorar sobre un Ferrari supone un infeliz que debe depositar su deseo en cualquier otra cosa que no sea poseer un Ferrari. 

En definitiva y para terminar, este blog se declara defensor del amor, el pensamiento, la amistad y en general todas aquellas cosas que se cultivan de nuestra piel hacia adentro, sin embargo no cae en la tentación de repetir adocenados discursos, y si cae en la tentación de repetir los discursos de Epicuro y Schopenhauer con la torpeza e inocultable dicción de cotorra, tan característica de nuestros textos.    


viernes, 6 de noviembre de 2015

Sobre las caídas

Caerse es algo espantoso y aunque haya encontrado pocos ensayos al respecto fuera de los traumatológicos, voy a analizar otros aspectos a saber tan importantes como los médicos.

Es necesario hacer la división entre los que caen en soledad y quienes dejan testigos del desliz. A la vez, quienes caen en compañía se comportan de diferentes maneras según se trate de amigos o desconocidos. Caerse de frente a nuestras amistades (y cuando digo DE FRENTE me refiero a con ellos como testigos y no al acto de colisionar la parte delantera del cráneo contra el suelo) parece ser menos bochornoso considerando que en caso de tratarse de un golpe que no deje lesiones, puede generar una situación humorística, incómoda, pero humorística al fin. Por el contrario caerse frente a desconocidos se inscribe entre las máximas vergüenzas que pueda padecer un ser humano. Es extraño, pero funciona así, probablemente nos resulte tan vergonzoso porque consideramos que todo el mundo nos está prestando atención constantemente y no solo eso, además imaginamos que somos tan geniales que resulta insoportable dejar expuesta una torpeza tan evidente y más tratándose de una operación tan simple y ensayada como la de caminar.   

Caerse, golpearse y simular que no duele es un error porque los gestos de nuestro rostro ante el dolor son muy difíciles de disimular y al fingir queda expuesto nuestro falso vigor, mientras que si tomamos el camino opuesto y exageramos dolor e inmediatamente nos reponemos sobre nuestros dos pies, en la posición habitual y esperada para un transeúnte, generaremos compasión y admiración en los testigos. Compasión por vernos padecer grandemente y admiración al observar que nos reponemos a tal contrariedad.

Son muy pocos los que cayeron en público y salieron airosos de la situación, aun así hay agravantes, y entre estos, la peor caída debe ser la que sucede en el escenario y que deja a hermosas modelos desplomadas y en posiciones poco elegantes sobre la pasarela, o la de los cantantes que a pesar de caerse y soltar el micrófono al menos nos permiten seguir escuchando la canción por que tuvieron el buen tino de hacer playback durante toda su carrera. Esto no es todo, desde que los teléfonos móviles incorporaron filmadoras se han registrado millones de caídas y se compartieron en todas las redes sociales, de manera tal que nadie está exento de ser protagonista de una caída filmada y difundida que de seguro será vista por millones de personas, ya que las caídas se han convertido en una especie de subgénero de súper éxito en el mundo de los videos de Internet.   

Aquí, muy cerca de mi casa vive una señora que ejerce de pitonisa. Todos la conocen; la mayoría de los vecinos contrataron alguna vez sus servicios y quienes son ilustrados en las artes adivinatorias dicen que doña Sibila puede predecir el futuro con gran precisión. Yo no puedo negar estas declaraciones por que un día nublado la crucé en la vereda y con esa misteriosa voz que solo las pitonisas tienen, me dijo: ¡Parece que va a llover! y al ver que yo me quedé como esperando otra revelación más, abrió su gran boca y de sus rollizos labios salió la siguiente declaración: ¡Hasta luego! Yo dije antes que no podía negar que esta mujer fuese una verdadera adivina del futuro, porque ese día, increíblemente no llovió, entonces comprendí porqué razón ella me dijo: PARECE que va a llover. Yo comencé a confiar en su poder cuando la crucé por segunda vez ese día y comprendí porqué me dijo la primera vez ¡Hasta luego!. Sin embargo mi fe comenzó a desmoronarse unas pocas semanas después cuando la vi caerse al tropezar con el desnivel de la esquina. La pobre vieja se desparramó en el suelo y aunque no se hizo el más mínimo rasguño, los presentes nos preguntamos cómo podía ser que una adivina de tal alcurnia no pudo predecir un hecho tan simple como el de evitar una caída que le quitaría el ochenta por ciento de los clientes.  
Sin embargo, el poco de fe que aún conservo en ella se debe a la que tal vez sea la anécdota presocrática más hermosa que haya subsistido a los avatares del tiempo y que Platón la contaba más o menos en estos términos: 
Se dice que en una ocasión, Tales de Mileto estudiaba los astros con tal concentración que se cayó a un pozo, entonces una hermosa y pícara criada tracia entre risas se burló de que en su afán por conocer el cielo desatendiera lo que estaba entre sus pies. 
Tal vez a doña Sibila le pasó lo mismo, vaya a saber qué cosa estaba prediciendo mentalmente en ese momento como para no poder predecir un cambio de nivel en el suelo. 

Tales no solo desarrolló su teorema, además parece que al igual que mi vecina podía anunciar cosas venideras y fue el primero en predecir un eclipse en el año 585 antes de nuestra era. Aun así, tal como a mi vecina prefiero recordarlo por la anécdota de su caída. 



viernes, 30 de octubre de 2015

Sobre los que ven el vaso medio lleno, los que ven el vaso medio vacío y los que ven el vaso completo y tienen precisos artefactos de medición

El monólogo del día se propone analizar la paradoja del vaso medio lleno y medio vacío, que en realidad como muchas otras paradojas, prospera a partir de una trampa o un error. 

En defensa de los pesimistas, o sea de los que ven el vaso medio vacío, debo decir que esa ausencia en la que están concentrados representa de algún modo el porvenir. El vacío es posibilidad y también desafío, en términos aristotélicos, la mitad llena es acto, la vacía, potencia. Por supuesto el porvenir tiene tantas posibilidades de ser espantoso como magnífico, por lo que es razonable pensar que pueden acontecer tanto cosas no deseables como sorpresas felices, de manera tal que quienes ven el vaso medio vacío en realidad son más positivos que quienes ven el vaso medio lleno. A ver.

Quienes ven el vaso medio lleno saben que están concentrados en esta mitad por saber que hay una mitad vacía. Y esto suele ser motivo de orgullo para quienes se concentran en la parte llena. Del mismo modo quienes ven la mitad vacía saben de la existencia de la mitad llena y simplemente están concentrados en el vacío, osea que consideran la mitad llena, tienen noticia de ella, pero se ocupan del vacío. 

Básicamente, lo que voy a intentar hacer con esta paradoja es sumarle otra. 

En la mitad vacía del vaso yo pondría la caja con el gato de Schrödinger, (para quienes no sepan, Erwin Schrödinger planteó la siguiente paradoja para explicar nociones cuánticas: Dentro de una caja cerrada y en la que no podemos ver el interior hay un gato y un recipiente con gas venenoso sujeto a un dispositivo que tiene una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo determinado, considerando que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere; pero hasta que nadie observe el interior de la caja el gato podría estar vivo o muerto y también podemos admitir que el gato está vivo y muerto teniendo en cuenta el principio de superposición de los estados)   

El punto es que quien ve la mitad vacía, se encuentra frente a un vaso hasta la mitad de agua y en la parte superior del vaso una caja con un gato adentro con 50% de posibilidades de vivir y 50% de morir. De manera tal que: 

-O vive de la fe, o sea sin abrir la caja, con la esperanza de que el gato esté vivo. 

Lo cual sería sumarle fe al vacío y se podría traducir en: 50% lleno + Fe 

-O abre la caja y fuerza a la naturaleza a colapsar en una única realidad con dos posibilidades.

A) Si el gato vive, sería el equivalente a un vaso completo de dicha.

B) Si el gato está muerto al menos tuvo noticia de la mitad llena del vaso y se lanzó en una búsqueda por completar el vacío y, si bien llenó la mitad superior con pesar, al menos se trata de pesar real, sabiendo que la promesa de un mal venidero siempre es peor que un mal realizado, por que este último es plausible de ser medido, mientras que el venidero, es imaginario y muta.

Comúnmente, quienes se concentran en la mitad llena, no dedican demasiado tiempo a la mitad vacía porque su mayor virtud es, precisamente, no darle importancia al vacío, y por eso les llaman positivos, en cambio, los que se concentran en la mitad vacía están ansiosos por saber que sucederá con ésta a pesar de advertir que ya está a medio llenar el vaso.

Mientras los hombres de la mitad llena se contentarán con lo que hay, los otros saldrán a la aventura que supone la incertidumbre. Como en toda aventura, los héroes padecerán, se quejarán, se agotarán, pero tal vez encuentren grandes dichas, para los demás está la opción de conformarse con medio vaso de agua. 

De cualquier modo se evidencian varios problemas en este planteo, en primer lugar sabemos que una paradoja es complicada de resolver ¿Para qué sumar otra? (aunque menos por menos es más y ocasionalmente de la suma de dos pesares al menos superamos uno. Le dejamos la paradoja del gato a Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger y sus amigos, nosotros nos contentamos con resolver la del vaso de agua). Y el otro problema de la suma de paradojas es el siguiente: ¿Quién estaría feliz por tener un vaso que tiene agua hasta la mitad y ocupando la mitad de arriba, una caja con un gato probablemente muerto a causa de gas venenoso o peor aún, un gato vivo y muerto, lo que sería un gato zombi?. ¡Qué asco! 

Por fortuna se me ocurre otro ejemplo. A ver.

Olvidemos el gato en la caja y volvamos al vaso medio lleno o medio vacío (como usted prefiera) pero no olvidemos a nuestros amiguitos de la física cuántica que proponen que el vacío no es la nada, incluso que existen diferentes clases de vacío, de manera tal que el que se concentra en la mitad vacía del vaso, tiene noticia de la mitad llena y dedica la mayor parte de su concentración al vacío cuántico, o sea que lejos de ser un simple pesimista, es un científico post moderno. A esto debemos sumarle que la mitad vacía, no es tal cosa, simplemente no hay agua, pero si oxigeno y muchas y diversas partículas, y si pudiésemos sacar de la mitad “vacía” del vaso: el oxígeno, todos los átomos, toda la materia sin alterar la mitad con agua dejándola intacta, si pudiésemos hacer tal cosa, aun daríamos con vacío cuántico. O sea un vacío colmado de cosas.

Ahora sí, dejemos definitivamente a los físicos, o no tanto, porque quisiera despotricar contra los ejemplos gráficos de esta paradoja. Muchas veces se utilizan fotos o dibujos de un vaso con forma cónica que se va ensanchando hacia la parte superior, de manera tal que el vaso está hasta la mitad de agua, pero en realidad no contienen las mismas proporciones de agua y vacío, porque la parte inferior es más pequeña por no ser el vaso cilíndrico, con esto quiero decir que ocasionalmente los “positivos” suelen contentarse creyendo que poseen la mitad llena del vaso cuando en realidad su vista los está engañando.


DEDICADO A MIS QUERIDOS AMIGOS QUE ESTÁN OBSESIONADOS CON LA MISMA MITAD DEL VASO QUE YO.  


viernes, 23 de octubre de 2015

Sobre el ansia de llamar infinito a todo lo recóndito


Esa pusilánime costumbre de llamar infinito a todo lo recóndito solo genera confusión. Yo no sé si debe a la vana necesidad de llenar de misticismo a la vida, o si se trata simplemente de un análisis típico de quien padece miopía intelectual. 

La palabra infinito, suele ser usada con liviandad poética y muy pocas veces con rigor científico, o filosófico. Los jóvenes dicen a sus pretendientes amarlas hasta el infinito, (afirmación que no significa nada y por ende es una promesa de poca monta muy bien recibida por quienes poco saben de matemática y gramática). Buzz Lightyear afirma: "¡To infinity, and beyond!" y se niega a creer que es un juguete dentro de la habitación de un niño.

Es comprensible que haya gente con poco entusiasmo para medir cosas inmensamente grandes, lo que no es comprensible es que se consideren reales los preceptos arrojados por estos perezosos que exponen propuestas demasiado poéticas para ser científicas y aburridamente científicas para ser poéticas. Con todo esto no quiero entrar en el tema de la posibilidad o no del infinito, simplemente quiero decir: No hay infinita cantidad de células en nuestro cuerpo, ni infinita cantidad de estrellas, siquiera es infinita la pereza del que lanza estas afirmaciones al mundo, solo es poseedor de la pereza necesaria para, no estudiar medicina ni astronomía, y por supuesto tampoco tiene suficiente ánimo como para buscar investigaciones ajenas. 

En el caso de que no se trate de pereza, la otra razón que se me ocurre para comprender por qué hay tanta gente intentando convencernos de la infinitud de cosas que son finitas, es porque las consideran mejor así, sin comprender el error que esto supone, voy a citar una frase típica: SUS OJOS SON POSEEDORES DE INFINITA BELLEZA. Bien, esta frase a mi me genera más desencanto que embelesamiento, porque si la INFINITA belleza de sus ojos debe ser percibida por mi limitada visión, no me alcanzarían todas las horas de mi finita vida para conocer una belleza de esta condición y esto señores, es muy frustrante.  Del mismo modo nunca falta el que en una reunión intenta caer en gracia comentando que según unos científicos el universo podría ser infinito, y considerando que ésta sea una buena noticia espera la aprobación de sus interlocutores que en el mejor de los casos serán indiferentes a esta información y solo levantarán uno de sus hombros y abrirán los ojos grandes como intentando demostrar interés por algo que les importa un bledo o les resulta en partes iguales estúpido y aterrador. 
 
Los más osados lanzan frases como: TODO SERÍA MEJOR DE SER INFINITO. Y si bien yo estoy de acuerdo en que no me quiero morir, se me ocurren, rápidamente, algunas actividades que son mejores siendo finitas, y que inclusive se tornan más divertidas hacia la culminación, como por ejemplo la final de la copa del mundo. 

Lo infinito es ante todo lo eternamente inconcluso, imagínese usted, querido lector, los horrores que esto supone. Saber por ejemplo, que los números tienen más proyección que cualquier contador y que hasta los contables más laboriosos y precoces, aun contando a gran velocidad desde su más tierna infancia hasta el día de su muerte, solo podrían pronunciar una infinitésima parte de los infinitos números. 

En el caso de la música damos con una obra atormentadora que es de carácter infinito y con una letra que hace alusión a esta desgracia eterna en la que se describe a unos paquidermos que se balancean sobre una poderosísima tela de araña. Los obstinados que caen en la trampa de comenzar a cantarla y son demasiado escépticos como para aceptar su infinitud mueren cantándola, inclusive aquellos que hacen trampa y comienzan desde números grandísimos.   


viernes, 16 de octubre de 2015

Sobre los juegos y juguetes de antes y los de ahora

Con esto me refiero a los cambios que se dieron desde mediados del siglo XX hasta la actualidad en lo que respecta a los juegos y principalmente a los juguetes, considerando el desarrollo tecnológico entre otros.

Existe la idea de que los juguetes de antes estimulaban en mayor medida la creatividad y yo sospecho que no es así, al menos no en todos los casos. A ver.

En primea instancia es recomendable intentar recordar con la máxima cantidad de detalle posible como jugábamos en la infancia. Yo recuerdo que había diferentes clases de jugadores, desde los peores que con una mano movían sistemáticamente un autito hacia adelante y hacia atrás, hasta los más astutos jugadores que pasaban días enteros construyendo pistas, nombrando a los conductores de dichos autos, emulando sonidos de motores con la boca, generando colisiones extraordinarias que no interrumpían la carrera y cientos de situaciones más. Sin embargo del mismo modo que había grandes guionistas de historias, con quienes tuve el inmenso placer de jugar a los autitos, también había niños que siquiera querían moverse del lugar para desplazar su auto y tampoco se tomaban el trabajo de hacer el sonido que merece una frenada abrupta. A partir de esto, caigo en la cuenta de que había mejores y peores jugadores de autitos y que la creatividad no nos era pertinente a todos y pongo en tela de juicio cual es el desarrollo creativo de alguien que mueve incontables veces un autito hacia adelante y hacia atrás.

Aprovecho el espacio para confesarme; yo he jugado a las muñecas con mis primas, y si bien yo era el titiritero de un muñeco, aun así, este juego entraría dentro de lo que llamamos jugar a las muñecas por que la proporción de mujeres, con sus respectivas muñecas, era significativamente mayor y las situaciones planteadas eran sumamente femeninas, de otra manera John Rambo jamás hubiese tenido como misión hacer dormir al bebé, preparar la comidita y pasear con su esposa en la plaza, y por más Barbie que fuese ésta, Rambo jamás se mostraría en público haciendo cosas semejantes.

Esta confesión me da pié para recordar que entre las niñas también había distintas categorías de jugadoras, que iban desde las que peinaban hasta la calvicie a sus muñecas, aun a sabiendas que luego del peinado mil veintiocho ésta luce como quien padece tricotilomanía, hasta las que hacían vivir historias de amor increíbles a sus muñecas, que afrontaban desencuentros amorosos, reponiéndose inmediatamente y luego de eso se enamoraban de un sanguinario y musculoso soldado que a pesar de su oficio y condición no tenía problemas de preparar la comida, hacer dormir al bebé y pasear por la plaza.
En oposición a esto, hoy los niños juegan carreras en consolas de videojuegos con guiones que van desde pésimos y parecen estar compuestos por el que ayer movía hacia adelante y hacia atrás un autito, hasta muy buenos, que evidentemente son desarrollados por gentes más perfeccionistas.
No son pocos los que consideran que los juegos de antes no eran violentos. Esto es un error, no podíamos ver a los soldaditos de plomo disparar y esparcir sangre enemiga, como si se ve hoy en los videojuegos, pero estos muñequitos representaban profesionales de la guerra al fin de cuentas y cuando jugábamos con ellos, nos imaginábamos muchas de las cosas que muestran los juegos de hoy, en definitiva, podríamos decir que los juegos de antes no eran tan explícitos. Recuerdo una ocasión en la que mi amigo Maximiliano y yo jugábamos a los soldaditos en el patio de mi casa. Luego de dividirnos la misma cantidad de tropas comenzamos el combate, que ciertamente fue complicado y lejos de respetar los convenios de Ginebra, la situación llegó a tal punto que cuando solo nos quedamos con un sobreviviente cada uno, lo persuadí para que estalle una mina terrestre y el juego termine en empate con pérdidas totales en ambos bandos. Él aceptó y luego del desenlace en el que parecíamos compartir el pesar de la derrota, yo saqué un soldadito que había escondido debajo de una piedra y dije: Gané, vos no mataste a éste que estuvo escondido y a salvo durante toda la batalla. A los ojos de mi madre que nos miraba de vez en cuando desde la cocina, ésta fue una jornada de sanos juegos infantiles, pero en nuestras mentes resonaba la tragedia de la guerra y la traición. Éste fue un triunfo sin sabor a victoria y aun espero que la vida me dé la oportunidad de volver a jugar a los soldaditos con mi amigo Maximiliano para cambiar el desenlace de esta contienda o al menos para contarle que el sobreviviente se sintió cobarde y fue infeliz desde ese momento.

Alguna vez he escuchado el siguiente planteo: Cuando yo era niño se jugaba con palitos y tierra ¡Esos eran juguetes mejores que todos los de hoy, que son pura tecnología! Este postulado evidencia dos aspectos: el primero es que el bueno es el que usa el palo y no el palo. No podemos considerar mejor a un juguete solo por ser rudimentario, ni podemos negar el genio de alguien que es capaz de crear grandes aventuras solamente con palitos y tierra, pero insisto, esto no es propio de todos los niños, y el otro aspecto a considerar es que la ausencia de complejidades no evidencia superioridad, ni estimula necesariamente la creatividad; un palo no estimula la creatividad más que una consola de videojuegos solo por ser simple. Un libro con sus páginas en blanco no estimula más la creatividad que Hamlet. Usted podría decirme, el punto es que en los videojuegos está todo dicho y en un libro de Shakespeare también, mientras que uno debe convertir con su imaginación un palito en una vara mágica con poderes extraordinarios y del mismo modo, un libro con sus páginas en blanco nos obliga a inventar nuestra propia historia. Sin embargo debo decir, que los creativos ven mucho más allá de la historia que se les muestra en el videojuego, de hecho suelen completar las deficiencias del guión con ideas propias y parecen ver cosas que no están y ni hablar de los creativos que leen Shakespeare, que ocasionalmente al terminar la lectura salen disparados a buscar libros con hojas en blanco y se disponen a escribir, y al menos no cometen la torpeza de creer que son los primeros en hacer una historia sobre un tío traicionero y un fantasma que solicita que se haga justicia por su muerte.

Por último, en defensa de los juegos de ahora, he notado que son más unisex y se permiten niños en juegos que eran vistos como exclusivos de niñas y también a viceversa, algo que resulta sumamente positivo considerando que cuando yo era niño, el juego unisex por excelencia era el doctor y en otra terrible confesión, debo decir que, tal vez por tímido, tal vez por azar o capricho del destino, jamás lo jugué.


viernes, 9 de octubre de 2015

Sobre traidores, traicionados, desconfiados y confiados

En primera instancia voy a intentar establecer diferencias entre cada uno de los tópicos, inclusive describiendo distintos niveles o grados en algunos de ellos. Veamos:

La traición implica ante todo la falta a una regla. Suele ser un acto de falsía en el que ocasionalmente el traidor oculta su fechoría. Ahora bien, aunque resulte difícil ser razonable cuando se ha padecido una traición, me ofrezco en esta ocasión como ayudante para intentar establecer diferencias entre las múltiples clases de traidores, para que no vayan a parar, injustamente, todos al mismo círculo. En principio sabemos que hay traiciones más leves y entre éstas ubicaremos a aquellas traiciones que menos dolor nos ocasionen y principalmente menos mala intención denoten en el traidor. De ahí podemos deducir que hay traidores de distintos grados. Planteo algunos ejemplos:

Es un traidor menor aquel que una vez en la vida cometió la torpeza de traicionar y por este error no podemos ponerlo en el mismo estante del traidor profesional que traiciona casi cotidianamente. Es una torpeza creer que una vez que alguien traiciona estamos ante un traidor compulsivo, del mismo modo que no podemos considerar redimido completamente al traidor profesional, porque en una ocasión se privó de traicionar a pesar de haber podido. A partir de este planteo se me viene a la cabeza una conversación entre dos amigos en la que, uno que es infiel por excelencia recibía las acusaciones del otro, y luego de escuchar con la cabeza gacha, el acusado respondió: ¡Vos no engañas a tu mujer porque hasta el Cuco tiene mejores opciones!, si le damos crédito a este planteo podríamos decir que algunos feos podrían ser traidores ineficientes. Los feos lidiamos eternamente con la incógnita que supone no saber si somos fieles por convicción o por incapacidad.

Del traicionado no podemos decir mucho, solo que dependerá de su capacidad de perdón, olvido o desinterés por el traidor y otras consideraciones más, perdonar o no. La mayoría de las veces la gente prefiere ocupar el lugar del traidor antes que el del traicionado, aunque confiesa públicamente lo opuesto por razones que no me detendré a explicar. El punto es que se suele considerar que el traidor la pasa bien y si nadie se entera, fue feliz, hizo daño y no pagó las consecuencias, cuando en realidad no es así, él ya se enteró de que es un traidor y como si esto fuese poco, ocasionalmente tiene un cómplice para constatarlo. Se suele escuchar en defensa de los infieles la siguiente frase: “No es infiel, simplemente no puede dejar de ser fiel a sí mismo” esto es mentira, el infiel, ante todo es infiel a sí mismo, se miente y les miente a los demás, alguien que siempre es fiel a su persona le diría a su mujer: Yo que no puedo dejar de serme fiel, voy a vivir un romance apasionado con tu prima y vuelvo a las nueve en punto. Sin embargo sabe que su mujer muy probablemente sea fiel a sí misma también y le diga: Yo que tampoco puedo dejar de serme fiel, no me opongo a que hagas lo que quieras con la alimaña de mi prima, pero quiero el divorcio, y no te preocupes por la hora.  El infiel, tiene cosas que ocultar y todos sabemos lo enojoso que se nos hace ocultar cosas y lo lindo que es ser fiel a sí mismo y hacer lo que nos place, como nos place y cuando nos place. En definitiva en la infidelidad, que es una categoría de la traición, no hay plenitud. (Son muy pocos los cornudos que se privan de repetir una y otra vez esta frase con actitud de superado en todo tipo de reuniones: EN LA INFIDELIDAD, NO HAY PLENITUD, por desgracia ocasionalmente un astuto y malicioso infiel presente manifiesta: a veces tampoco hay plenitud en la fidelidad, y una vez dicho esto, se acabó la fiesta para todos)

Del mismo modo que, erróneamente, se considera que es mejor ser traidor que traicionado, muchos creen que es mejor ser desconfiado que confiado, esto es un error grosero, y voy a intentar explicar por qué.

El confiado es alguien que cree y por defecto posee seguridad (o viceversa, aun no me decido), sella pactos y se imagina en el futuro a cada una de las partes cumpliendo con sus deberes, razón por la que el impacto y la desilusión ante una maniobra impía de la otra parte, es potencialmente más fuerte y dolorosa para éste que para el desconfiado que ya suponía que esto podía suceder. Sin embargo, el confiado vive relajado, en paz y concentrado en sus cosas hasta que le llega la traición, la cual padece intensamente pero durante menos tiempo y por supuesto a veces no llega nunca. Sin embargo, la mayoría opta por ser desconfiado y perseguir a sus socios, husmear el celular de su pareja, y averiguar conversaciones de amigos para intentar anticiparse a una traición y así “librarse del pesar”. Lo que no piensa el desconfiado es que con este proceder se está procurando un constante dolor, soportable, pero doloroso y constante al fin, sumándole el riesgo que se corre por desconfiar de alguien que posiblemente merecía confianza, malgastando horas jugando a Sherlok Holmes.

En definitiva, este blog prefiere:

-A las mujeres que se siguen enamorando aun después de ser engañadas por sus maridos y primas.

-A los niños que a pesar de dormir relajadamente por acostarse en la cama de sus padres, a la mañana siguiente amanecen solos y en su habitación, y aun así cada noche se concilian con sus progenitores.   
  
-A los hombres que les preguntan una sola vez a sus novias a donde van y no las hostigan con infinitos cuestionarios sospechando que no van realmente a la peluquería y se están yendo a un motel con Brad Pitt.  
  

-A los perros, que siquiera gruñen a los ladrones y solo ladran a las ruedas de todos los autos que vieron en su vida.  

Y ante todo, a los feos y feas infieles, que aunque siendo poseedores de un deleznable hábito, al menos sirven para desacreditar todo lo antes dicho en este blog.    

viernes, 2 de octubre de 2015

Sobre los corderos disfrazados de lobo

Con este título me quiero referir a los cobardes que intentan mostrarse temerarios solo en las circunstancias en las que no es posible demostrar su “valor”. 

En primera instancia es necesario recordar que un temerario es alguien que posee valor pero no razón, es imprudente y sus hazañas no son tal cosa, ya que carentes de toda razón son más bien locuras. Aun así, mucho peor que el temerario, es el cordero disfrazado de lobo o el falso temerario, que es un personaje que a continuación voy a describir aunque seguro que usted ya conoce.

Este trastorno se da principalmente en hombres que, siendo demasiado cobardes como para actuar con temeridad, e infinitamente necios para asumir su condición, optan por montar un personaje que amenaza ser capaz de someterse a grandes peligros, solo por saber que no los va a afrontar nunca. Para terminar de figurarnos podemos recordar al chapulín colorado de Roberto Gómez Bolaños, diciendo: “Si lo hago, si lo hago, si lo hago” ante una situación de riesgo. 
El punto es que Chespirito los caricaturó con la ternura típica de todos sus personajes, aunque en la realidad son desde molestos hasta insufribles.

Al atravesar la adolescencia, que es comúnmente cuando comienzan los síntomas, el cordero disfrazado de lobo, dice haber enfrentado a miles de profesores en contiendas que nadie tuvo el privilegio de presenciar, parece no importarle nada, fuma de manera estrepitosa y cuando sus compañeros hablan de mujeres hermosas, él relata miles de jergas compartidas con ellas, cuando alguien pide pruebas, por alguna extraña razón éstas nunca están disponibles. A simple vista son aventureros alocados y ocasionalmente pueden relatar sempiternas historias en las que quedan expuestas sus infinitas virtudes, sin embargo algo nos hace sospechar al oírlos, porque son rotundamente vigorosos al relatar, pero perezosos a más no poder en sus acciones.

Parece ser que todas las butacas de automóvil están tapizadas con cuero de lobo, razón por la que gran parte de los conductores, por más ovinos que sean sus temperamentos, son contaminados de esta supuesta temeridad y desde sus vehículos no se privan de arrojar, desde injurias de todo tipo y amenazas, hasta consejos básicos de seguridad vial, pero siempre recordándoles a los otros conductores que sus mujeres son infieles exhibiendo una simple seña en la que retraen sobre la palma de la mano los dedos anular y mayor dejando descansar el pulgar sobre estos y manteniendo particularmente erguidos los dedos índice y meñique. Todo este espectáculo dantesco prospera porque, aun el vehículo más lento, es más rápido que cualquier peatón, inclusive si el transeúnte injuriado es el mismísimo Usain Bolt. Cuando ambos interlocutores se encuentran en automóvil jamás se afrentan si están próximos. A partir de esta situación surge la teoría de que a mayor distancia con el agraviado, más temeridad, y a menor distancia, mayor discreción, inclusive, a menos de dos metros actúan con sumisión.

Un cordero disfrazado de lobo no deja pasar ninguna oportunidad de decir piropos y menos aun si está acompañado de media docena de amigos, que comúnmente festejan las aberrantes frases que éste vocifera. Sabemos que el piropo surge con la intención de elogiar alguna nota de belleza poseída por alguien desconocido, resulta particularmente enojoso recibir un piropo de alguien con quien nos frecuentamos a diario, principalmente porque el piropo es un grito desesperado del que sabe que no puede ser amado por aquel a quien está elogiando, posiblemente por ésta razón, el cordero disfrazado de lobo, haciendo gala de su supuesto arrojo, cambió la función del piropo y en vez de intentar halagar a quien sabe que no lo va a amar nunca, lo somete a pesares, con piropos que no son otra cosa que ofensas rimadas. Sin embargo, si por alguna razón, quien recibe esta injuria, da media vuelta y se aproxima al poetizo, notará que se hacen menos visibles sus dientes de lobo y quedan expuestas sus erizadas y blanquecinas lanas. 

Cuando alguien relata una historia heroica o conflictiva, el cordero disfrazado de lobo inmediatamente comenta como él hubiese mejorado el desempeño del héroe, y al escucharlo algunos tienen la sensación de que Leónidas y los trecientos espartanos hubiesen logrado mejores resultados en las Termópilas estado comandados por esta mendaz ovejita ornamentada. En términos generales son capaces de duplicar, triplicar, quintuplicar todas las hazañas conocidas, al menos en sus relatos. Además son capaces de rechazar cualquier soborno, por más ostentoso que sea, mientras no le sea realmente ofrecido; suelen pronunciar frases como: Yo a esa mujer, no la toco ni por un millón de dólares y por supuesto cumplen con su palabra comúnmente por dos razones; porque la mujer de la que hablan ya los rechazó antes a ellos y porque nadie les ofrecería un millón de dólares por ninguna razón.

Por último y a modo de consejo, en el caso de que usted desee mantenerse distante de las ovejas disfrazadas de lobo, es importante que no lea nada publicado en blogs, y si habitualmente lee blogs, no se los tome demasiado en serio, y si los toma demasiado en serio, no los comente, y si los comenta, no se enzarce en discusiones vanas, ciberberrinches y toda esa clase de demostraciones de vigor típica de aquellos que desde la comodidad de sus hogares pretenden abrigar sus sienes con Laureles, sin antes transpirar ni una sola gota, pensar, ni exponerse a riesgos mayores.

Sin otro particular, los dejo hasta el próximo viernes, día en el que, desde la comodidad de mi hogar, luciré una vez más mi feroz dentadura postiza.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Sobre los snob en el arte

Siempre he puesto mi mirada en los grandes hombres de arte: Sófocles, Shakespeare, Miguel Ángel, Mozart y otros treinta o cuarenta genios de tallas similares. Los he mirado y perseguido casi con obsesión, sin embargo ¿cómo puede una mente rudimentaria reconocer a las mentes altas? Solo se me ocurren dos respuestas: O hice trampa y alguien me dictó quienes fueron los grandes hombres, o existe una bondad en las obras de estas magnas personas que invita por igual al disfrute a hombres de diversos grados de ilustración. Quizá por vanidad, quizá por amor, prefiero aceptar la segunda respuesta y con esta aceptación, probablemente, viene engarzada una indulgencia al Snob que vive en mí para que haga los destrozos propios de su aturdida esencia. 

Aclaremos…

En primer lugar invito a que deje de leer aquel que considera que todo es arte, porque un mingitorio es ante todo un mingitorio y por más que se lo exponga en un museo de Nueva York y se lo titule Fountain y haya sido colocado ahí por señores con nombres tan elegantes como R. Mutt o Marcel Duchamp, no deja de ser un inodoro con privilegios, (Aunque jamás imaginé que tantos como para merecer ser expuesto en un museo) Y si bien es generador de placer me parece muy extraño que haya gente que confunda el placer estético con el de evacuar.

En segundo lugar quiero aclarar que no todos somos iguales, y no estoy hablando de que haya diversidad, sino diferencia. Lo lamento por el perejil que escribe estas líneas pero, lo vamos a usar de ejemplo para compararlo con otro escritor por dos razones: 

1) Por ser un blanco fácil, escribe bastante mal.
2) Para no ofender a otros de su calaña, que aunque famosos escriben tan mal como éste. 

La comparación será realizada entre Borges y el que escribe este blog. Antes de que comience el balance usted podría alegar en defensa del más débil (O sea el que escribe): No es justo porque Borges nació en una época en la que la literatura tenía más relevancia que la que tiene hoy y además su padre era gran lector, incluso escritor, y Jorge Luis viajó por el mundo desde temprana edad y eso ayudó a su desarrollo intelectual, etc. Y así podría usted alegar muchas otras formas del ser que tienen más que ver con accidentes que con substancias. (Para comprender mejor esto recomiendo una aproximación a los textos de Aristóteles). De hecho, me valgo de los planteos aristotélicos para desacreditar este intento, porque no son los accidentes los que definen el genio de Borges ni la impericia de quien escribe, no es el lugar o el tiempo o la acción lo que definen la substancia.   

En definitiva, no es porque son dos clases distintas de escritores o por pertenecer a distintos momentos históricos y toda esa clase de eventualidades que Borges es mejor, sino porque Borges posee un genio que el que escribe no. Ahora bien, usted podría decir: ¿De qué depende que uno posea el genio y otro no? Encontrará diferentes respuestas, algunos científicos dirán que se trata de una composición química, otros tendrán justificaciones neurológicas, algunos psicólogos pensaran en la infancia, algunas gentes de fe dirán que se trata de una virtud concedida por dios y todos estos planteos aunque con justificaciones diferentes u opuestas aceptan la diferencia y jamás pronunciarían frases como: “Todo depende” “¿Y quien decide que es bueno y que es malo?” 

Si evaluamos algunos sucesos o accidentes de la vida de cada uno de los medidos en esta ocasión podemos afirmar que:

De Borges se sospecha que pudo haber sido el hombre que más leyó, mientras del otro se sabe que no puede terminar con el primer tomo de las mil y una noches.

Borges leía en varios idiomas y el otro apenas habla la lengua materna y con grandes dificultades.

Borges comprendía las estéticas literarias propias de cada período y el otro se sigue preguntando si período y periodo significan cosas distintas. 

¿Se entiende a donde me dirijo? No somos diversos, somos diferentes, lo que implica que hay mejores y peores, y por ser peor que Borges no voy a comenzar un régimen anti yo, pero tampoco voy a caer en la tentadora vanidad de autoproclamarme diverso de Borges en vez de sencillamente peor que él, tampoco en la ridícula idea de sentirme bien porque yo hago más rico el flan casero que él, porque para un aspirante a literato, esto, más que un consuelo, es un castigo.   Este texto intenta aclarar que Miguel Ángel fue artista y Marcel Duchamp también, pero el David es mejor que el Mingitorio. (Lo lamento Marcel, pero es así, saludos a la familia)

En resumen:

1) No todo es arte.
2) Hay mejores y peores.

Ahora bien, usted puede ser insoportablemente terco y preguntarme: ¿Y cómo sabe usted quien es mejor y quien es peor si en materia de arte lo único que importa es el gusto o disgusto que uno sienta por el objeto de arte?
Entonces yo que soy insufriblemente terco le respondo: En el arte, al igual que en el futbol hay reglas, medidas y normas por las que distinguimos a los mejores de los peores y si piensa usted lo contrario recomiéndeme como jugador del Barcelona, así cobro como Messi por estar yo fumando un cigarro sentado en mitad de la cancha, y cuando alguien me reclame algo por mi pésimo desempeño defiéndame diciendo que en materia de futbol lo que importa no es ganar, sino jugar y toda esa sartenada de frases compuestas y difundidas por Duchamp y sus amigos. (Perdón Marcel, saludos)

Volvamos a los Snob que son quienes nos convocan, son precisamente ellos los culpables de que los autores de las bibliotecas de babel y de los monólogos de loro ocupen ocasionalmente el mismo pedestal, y los ubican ahí porque no entienden las reglas, medidas y normas, pero no se privan de opinar y repiten como loro que Beethoven es un genio y cuando les preguntan si su genialidad se debe a la novedosa incorporación de coros en su sinfonía, si se debe a la asombrosa orquestación o al trabajo armónico que realiza,  no saben que decir, razón por la que quedan expuestos los snob y todo vuelve a la normalidad. Se hace posible diferenciar perejiles de los que realmente saben y quedan completamente expuestos los escritores de monólogos de loro. 

P/D: Si encuentra insuficiente este análisis, o plagado de errores y carente de todo sentido, sean tenidos en cuenta todos estos tropiezos para sostener con más fuerza aun la idea de que hay mejores y peores, Borges seguro lo hubiese hecho mejor. 


      

viernes, 18 de septiembre de 2015

Sobre cómo elegir una carrera:

Uno de los momentos más traumáticos que atraviesan muchos adolescentes empieza cuando terminan sus estudios medios y deben elegir una carrera universitaria. Se trata de una situación tan estresante que algunos jóvenes optan por desentenderse de los estudios superiores y entenderse con bármanes y otros jóvenes que pululan en esos establecimientos de vida nocturna en los que se sirven bebidas, comúnmente alcohólicas, sobre mostradores alargados, recintos que muchos insisten en llamar universidades de la calle, aunque yo los llamaría sin temor a equivocarme, bares.   

Hay muchas posibilidades y son muchas las situaciones, sin embargo voy a intentar comentar algunas de las más típicas:

Comenzaré por aquellos jóvenes que no tienen potestad sobre su vida y sus padres se toman el trabajo de decidir por ellos, o bien, porque suponen que sus hijos son lo suficientemente imbéciles como para saber que quieren, o bien, porque conocen las leyes del mercado e imaginan con que profesión obtendrán más dinero, o bien, por tradición, frustración personal y otros similares. Un caso muy recurrente es aquel en el que el padre no favorece alguna actividad concretamente pero castiga la inactividad, esta clase de padres suelen pronunciar frases como: Acá, en casa, haciendo nada, no te quiero, si vas a estudiar, te apoyo, y si no, te vas a trabajar, no me importa qué clase de trabajo, pero te vas a trabajar. (Estos padres muchas veces son trabajadores honrados que jamás leyeron el Tao Te Ching)

Encontramos otro gran grupo de jóvenes que ingresan a una carrera con la única intención de no separarse de sus amigos de la escuela y por esta razón se someten a las decisiones académicas de sus afines, o los que eligen carreras según la proporción de mujeres que haya, (casi todos los jóvenes promiscuos saben que nutrición es una carrera superpoblada de jovencitas atentas a las proporciones) también encontramos a muchísimos jóvenes que son capaces de someterse a cualquier carrera con tal de dar la contra a los deseos de sus padres. (Existen muchos padres hippies con hijos especialistas en marketing y muchísimos artistas plásticos hijos de exitosos financieros). En esto de las decisiones hay muchas posibilidades, inclusive las más ridículas como las de aquellos que eligen carrera según la cercanía de la universidad (Y con esto no me refiero a un aspirante a una carrera muy exclusiva que solamente se dicta a veinte mil treinta y ocho kilómetros de su hogar, sino a aquellos perezosos que eligen una carrera  porque sus aulas están doscientos metros más cerca de su casa que las de la otra carrera que le gustaba). No nos olvidemos de aquellos, que ansiosos por comenzar una vida adulta cuanto antes, eligen cualquier carrera con tal de que esté lejos de su casa, para verse obligados a vivir solos en un departamento que estará libre de gastos los primeros meses, y en algunos casos será mantenido por los padres hasta que el estudiante logre terminar la carrera (Esta última fórmula es la más elegida por los jóvenes que quieren entrar al mundo adulto sin demasiadas responsabilidades y bien los podríamos llamar: Adultos de papá).

Se suele decir que debemos pensar en lo que queremos lograr y focalizarnos para que se haga realidad. Bueno, esto es una estúpida mentira.  Es más lógico comenzar por evaluar cuál es el potencial que poseemos en ese área que queremos fortalecer con el estudio. Y con esto quiero decir, no todos podemos ser miss universo por más que vayamos a la mejor escuela de modelaje y estudiemos para todos los exámenes.

A la hora de elegir carrera, me dijeron: Es muy fácil, solo debes imaginarte en el futuro trabajando y disfrutando de ese trabajo. Fue un pésimo consejo porque me di cuenta de que en el futuro quería trabajar de Angus Young, y dudo que me aceptaran en AC/DC siendo que ellos tenían al Angus Young primero y original, así que pensé que con ser estrella de rock me alcanzaba, para lograrlo le pedí un consejo a mi papá y él me dijo con su típico optimismo: ¡¡¡si te lo propones, trabajas duro y estudias mucho, lo vas a lograr!!! Malas noticias papá, me lo propuse, trabajé duro, y terminé con el cuarto promedio de uno de los conservatorios de música más importantes del país y no soy estrella de rock. Para que les sirva de ejemplo voy a describir segundo a segundo el abrasamiento de mi carrera de rocker y el resurgimiento cual fénix sin norte, atolondrado en direcciones impensadas:

En principio cometí el error de no leer una biografía de alguna estrella de rock para seguir sus pasos (aunque, esto en cierto modo fue fortuito, porque la mayoría son drogadictos perezosos que tocan más o menos bien un instrumento y tienen una banda regular que toca en lugares horribles hasta que de repente aparece una mega discográfica que invierte millones en publicidad y los convierte en estrellas de rock y esto solo le sucede al 0.0000001% de estos aspirantes a rockstar). Desconociendo yo de la importancia de la pereza como ladrillo fundante en la carrera de la mayoría de las estrellas de rock, me dispuse a estudiar en una escuela de música que se fundó con el propósito de preparar músicos profesionales para ejecutar y de algún modo conservar, las obras de música académica europea compuesta entre los siglos XV y XIX. Después de un año de estudiar me di cuenta que mis canciones favoritas de la adolescencia eran una porquería y que durante casi una década había sido estafado escuchando canciones compuestas con la misma cadencia armónica y con melodías compuestas solamente a partir de la escala pentatónica, que es una escala que consta de cinco notas, ¿Se entiende? Me pasé toda la pubertad escuchando cinco notas, CINCO NOTAS. Y ocasionalmente desafinadas. ¿Cómo es posible desafinar si te pasaste la vida entera cantando esas CINCO notas? La respuesta es simple: dedicándote mucho más tiempo a leer biografías de señores que a los 40 años usan pantalones de cuero y consumiendo estupefacientes en vez de estudiar técnicas vocales. En fin, la cuestión es que siguiendo el consejo de mi padre, en no más de un año me di cuenta de que odiaba la idea de ser estrella de rock y prefería la música de Mozart. Una vez que llegué al tercer año me di cuenta de que no podía componer como Mozart y decidí hacer un profesorado, razón por la cual hoy enseño la materia música en una escuela a adolescentes de los cuales algunos insisten con ser estrellas de rock y a niños pequeños, que afortunadamente solo insisten en la sana costumbre de comer sus propias secreciones nasales. En pocas palabras, quería ser estrella de rock y terminé siendo maestro jardinero solo por seguir el consejo de mi papá (¡Saludos papá!) lo que muchos no saben es que en el alma de toda maestra jardinera hay un Angus Young, pero más aún, el enérgico Angus es un potencial maestro de sala.

Todo esto fue escrito para advertirte que si necesitas investigar, o leer ensayos sobre cómo elegir una carrera, o peor aún, completar un test en el que te preguntan si preferís la carne completamente cocida o jugosa y en base a tu respuesta, los diseñadores del test  descubren que debes estudiar paleontología, estás en problemas. Yo diría que si en casi dos décadas de vida no lograste descubrir que es lo que quieres hacer, es muy probable que elijas mal. Yo no necesité hacer ningún test porque desde los doce años supe que quería ser estrella de rock o maestro jardinero, que es más o menos lo mismo, y por supuesto escritor de trivialidades sin sentido en mis ratos libres.